La Dehesa

Sobre una paisaje totalmente deforestado, en donde aún se aprecian huellas de antiguas cultivos abancalados, destacan como únicos vestigios arbolados las dehesas del Camero Viejo. Estas dehesas, como la de Torre, representan en ejemplo de equilibrio entre la explotación ganadera y forestal de un territorio. Ello ha sido posible gracias a la capacidad de rebrotar, tras la poda, de especies como el rebollo, el quejigo y el haya, mediante la técnica denominada “trasmocho”, que permite la extracción de leñas cada cierto tiempo sin necesidad de cortar el árbol. De este modo el espacio de la dehesa caracterizada por una baja densidad de árboles, resulta posible la obtención de pastos para el ganado y de leñas para hogares, además de proporcionar, en un clima de veranos calurosos, sombra y abrigo para los animales. En La Rioja, estas dehesas son de propiedad comunal y, por lo tanto, aprovechadas por el conjunto de los vecinos, y en ellas se guardaban los ganados de labor, en épocas con actividades agrícolas, y los sementales comunales, de ahí su denominación de “dehesas boyales”. Es por ello que, a su importante valor ecológico en una comarca tan deforestada es necesario añadir su interés etnográfico como modo de aprovechamiento tradicional de los recursos naturales de las sierras riojanas.